El retiro programado es una de las dos modalidades de pensión que puede elegir quien se jubila bajo la Ley 97 del Seguro Social (la que aplica a los trabajadores que empezaron a cotizar a partir del 1 de julio de 1997). A diferencia de la renta vitalicia, aquí no contratas una aseguradora: tu AFORE conserva el saldo de tu cuenta individual, lo sigue invirtiendo y te paga una mensualidad que se recalcula cada año. Entender cómo sale ese número te ayuda a decidir con criterio y a anticipar cómo evolucionará tu pensión con el tiempo.
La idea central en una frase
El retiro programado reparte tu saldo acumulado a lo largo de tu esperanza de vida (y la de tus beneficiarios). Dicho de forma simple: se toma el dinero disponible en tu cuenta y se divide entre un factor que representa cuántos años se espera que dure la pensión. Como ni el saldo ni la esperanza de vida son fijos, el resultado se ajusta año con año.
En el retiro programado tú (a través de tu AFORE) conservas la propiedad del saldo; en la renta vitalicia transfieres ese capital a una aseguradora a cambio de un pago garantizado de por vida. Es la diferencia más importante entre ambas modalidades.
Paso 1. Determina el saldo de tu cuenta individual
El punto de partida es el saldo acumulado en tu cuenta individual al momento de pensionarte, principalmente el de la subcuenta de Retiro, Cesantía en Edad Avanzada y Vejez (RCV). Si además tienes aportaciones voluntarias o complementarias que decidas incluir, suman al capital que financiará la pensión. Este saldo no se congela: mientras estás pensionado por retiro programado, permanece invertido en una SIEFORE y sigue generando rendimientos, netos de la comisión que cobra la AFORE.
Paso 2. Define quiénes son tus beneficiarios
El cálculo no solo mira tu edad. La normativa obliga a reservar la protección de tus beneficiarios legales (cónyuge o concubina/concubinario, hijos con derecho y, en su caso, ascendientes). Su número y edad influyen en el factor que se usará, porque la pensión debe alcanzar también para las eventuales pensiones de sobrevivencia. Por eso dos personas con el mismo saldo pueden recibir mensualidades distintas si su composición familiar es diferente.
Paso 3. Obtén la Unidad de Renta Vitalicia (el factor)
Aquí entra la parte técnica. La CONSAR publica las Unidades de Renta Vitalicia (URV), un factor actuarial que traduce «un peso de pensión anual» al capital que se necesita para pagarlo. Ese factor se construye con dos ingredientes:
- Tablas de mortalidad. Las tablas de experiencia (de la familia EMSSA) estiman cuántos años, en promedio, se espera que dure la pensión según la edad del pensionado y de sus beneficiarios.
- Una tasa de interés técnico. Refleja el rendimiento que se supone ganará el saldo mientras se va pagando. A mayor tasa, el mismo capital rinde más pensión; a menor tasa, menos.
Si quieres profundizar en estos dos componentes, los explicamos en detalle en nuestras entradas sobre las tablas de mortalidad EMSSA y la tasa de interés técnico.
Paso 4. Divide el saldo entre el factor
Con el saldo (paso 1) y el factor (paso 3), la pensión anual se obtiene, en su forma más sencilla, así:
Pensión anual ≈ Saldo de la cuenta ÷ Unidad de Renta Vitalicia
La mensualidad es esa pensión anual dividida entre el número de pagos del año. Veámoslo con un ejemplo puramente ilustrativo (las cifras no son reales ni una cotización): si alguien tuviera un saldo hipotético y un factor que implicara repartirlo a lo largo de unos 20 a 25 años de esperanza de vida conjunta, la mensualidad resultante rondaría el saldo dividido entre 240 a 300 pagos, ajustado por rendimientos e inflación. El número exacto depende siempre de tu edad, tus beneficiarios y los parámetros vigentes que publica la CONSAR, por lo que conviene pedir tu proyección oficial en tu AFORE.
Paso 5. El recálculo anual
Esta es la característica que más distingue al retiro programado. Cada año, la AFORE vuelve a hacer la operación con dos datos actualizados: el saldo remanente (lo que quedó después de los pagos del año, más los rendimientos obtenidos, menos comisiones) y tu nueva edad (y la de tus beneficiarios). Como cada año que pasa reduce la esperanza de vida restante, el factor cambia; y como el saldo también varía según cómo se hayan comportado los mercados, la mensualidad puede subir o bajar de un año a otro. No es un ingreso fijo garantizado: es un ingreso que se administra.
¿Qué pasa si el saldo se agota?
Como el capital es finito, existe el riesgo de que se termine si vives muchos años o si los rendimientos son bajos. Si eso ocurre y cumples los requisitos de semanas cotizadas y edad, entra en acción la Pensión Mínima Garantizada, que el Estado cubre con recursos públicos para que no te quedes sin ingreso. Ese piso es una de las razones por las que el retiro programado no equivale a «quedarte sin nada» si la longevidad juega a tu favor, aunque la mensualidad garantizada suele ser menor que la que recibías al inicio.
Una ventaja clave: es reversible y heredable
A diferencia de la renta vitalicia, que es irrevocable, en el retiro programado puedes cambiarte a una renta vitalicia más adelante si tu saldo remanente alcanza para contratar una pensión superior a la Pensión Mínima Garantizada. Además, si falleces y aún hay saldo, ese remanente forma parte de tu herencia (tras cubrir las pensiones de sobrevivencia que correspondan). Por eso muchas personas usan el retiro programado como una etapa inicial flexible antes de decidir si «amarran» un ingreso vitalicio.
Retiro programado frente a renta vitalicia
El cálculo que acabamos de ver explica por qué la elección entre modalidades no es trivial: el retiro programado ofrece flexibilidad, control del saldo y posibilidad de herencia, a cambio de asumir el riesgo de longevidad y de mercado; la renta vitalicia entrega certeza de por vida, a cambio de renunciar al capital. Comparamos ambas con más detalle, con sus ventajas y desventajas, en Renta Vitalicia vs Retiro Programado.
En resumen
Calcular el retiro programado se reduce a dividir tu saldo entre un factor actuarial que combina esperanza de vida y tasa de interés técnico, y a repetir esa operación cada año con datos actualizados. No es una cifra fija, sino un ingreso que evoluciona con tu saldo y tu edad. Conocer la mecánica te permite leer con ojo crítico las proyecciones de tu AFORE y decidir, con información, si esta modalidad se ajusta a tu situación o si te conviene más la certeza de una renta vitalicia.
Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye asesoría financiera, fiscal, jurídica ni actuarial. Las cifras del ejemplo son ilustrativas y no representan una cotización. Solicita tu proyección oficial en tu AFORE y verifica los parámetros vigentes con la CONSAR, la CNSF y el IMSS antes de tomar cualquier decisión de pensión.